La planta está impulsada por la
funcionalidad. Los espacios se alinean en una cuadrícula
precisa, permitiendo luces estructurales limpias
y una circulación interior fluida.
Las áreas sociales se
despliegan hacia la terraza trasera y
la piscina, mientras que los volúmenes
privados se apilan estratégicamente en
la parte superior, manteniendo el orden.
La estructura responde de forma directa a la vegetación existente. Robles maduros en el terreno dictaron la ubicación de los cimientos y exigieron un estricto cumplimiento de las guías de conservación de la Ciudad de Miami. La vivienda se eleva sutilmente para proteger los sistemas de raíces manteniendo la continuidad entre el interior y el paisaje. La arquitectura no desplaza al entorno: negocia con él.
Como contrapunto, la fachada introduce la curvatura. Las losas se pliegan y extienden en gestos amplios, envolviendo balcones y suavizando bordes. El revestimiento acanalado vertical acentúa esta fluidez, creando profundidad mediante luces y sombras. En la parte posterior, esa lógica alcanza su punto más claro: un abanico de parasoles se inserta en la losa curva siguiendo su radio. El resultado es una forma aerodinámica y contemporánea, pero serena.
Grandes ventanales difuminan la frontera entre interior y exterior, permitiendo que la luz filtrada y el verde circundante definan la atmósfera interior. Volados y terrazas rehundidas ofrecen sombra pasiva, reforzando la eficiencia climática del edificio.
Una residencia que es un ejercicio de dualidad: racional en su núcleo, expresiva en sus bordes.