La volumetría se lee claramente en tres bloques a distintas alturas. Ese cambio de elevación aporta dinamismo a la composición, generando una silueta escalonada que mantiene la mirada en movimiento.
La casa pertenece a su paisaje antes que dominarlo. Palmeras maduras crecen alrededor y a través de la composición. Una jardinera continua recorre todo el ancho de la losa frontal dejando caer verde sobre la entrada, y los volúmenes habitables envuelven un patio protegido donde la piscina queda resguardada en tres de sus lados. Un pabellón independiente, en los mismos acabados de piedra y madera, delimita el borde con la calle.
Dos materiales principales sostienen la vivienda. La piedra dispuesta en hiladas aporta base y permanencia, colocada en franjas horizontales que resuenan con el horizonte bajo de Florida. En contraste, la madera cálida aparece como un acabado de listones en la fachada, aportando ritmo y textura donde la piedra se percibiría como un bloque continuo. Los marcos de acero negro envuelven el conjunto en líneas nítidas.
En la cara posterior se abre por completo. Ventanales de piso a techo corren a lo largo de los espacios de estar hacia una terraza cubierta, junto a la cual se extiende la piscina. Desde la entrada, la vista se proyecta directamente hacia el jardín.
Una residencia que es un ejercicio de horizontalidad:
cerrada hacia la calle, abierta hacia el jardín.